• CARTA DE UN NIÑO CON TDAH.

    CARTA DE UN NIÑO CON TDAH.

    28 de Abril de 2017

    ¡¡Hola!!

    Soy un niño con TDAH y puedo llamarme Pablo, Juan, Ángel, José, Andrea, Luis, Mia. Mi nombre no tiene importancia.
    Soy un niño o niña de aspecto normal, con una inteligencia normal y, sin embargo, tengo problemas.
    Si me permites, quisiera prestarte mis zapatos para que, por un momento, andes con ellos y sientas lo mismo que yo siento.

    A mis dudas de niño: quién soy, qué quiero, adonde voy, se une la angustia y el desasosiego de no entender porqué soy como soy.
    He pasado mucho tiempo pensando (en realidad, me lo han hecho pensar) que soy vago, mala persona, tonto e incluso cosas peores; creyendo que mis padres no me quieren como a mis otros hermanos porque soy todas esas cosas y sintiendo que mis profesores me odian por lo mismo. Me pregunto, porqué aún esforzándome, no soy capaz de conseguir lo mismo que los demás. Sé que no lo parece, pero me esfuerzo, aunque los resultados no sean muy satisfactorios.

    Me siento tan defraudado que, a veces, incluso he pensado que nada merece la pena. Cuando mis papás en casa, desesperados porque no soy capaz de acabar las tareas o parece que les vacilo o tengo todo hecho un desastre, me riñen y me castigan, lloro. Lloro por mí y lloro por ellos.
    Cuando mis profesores, también desesperados porque no llevo todos los libros, o no copio todos los deberes o interrumpo la clase, me riñen y me castigan, lloro. Lloro por mí y lloro por ellos.

    Cuando en el parque o en el patio de la escuela me apartan de los grupos de juegos; cuando no me llevan de excursión con el resto de mis compañeros; cuando oigo comentarios sobre mí como si yo no estuviera; cuando los oye mi Mamá y miro su cara, lloro.
    Así voy creciendo, dolido por dentro, enfadado con el mundo. Sintiendo la misma decepción, el mismo hastío y sensación de fracaso que sienten los que me rodean, sintiendo que no soy nada, que no valgo nada. No me gusto mucho.

    Convivir conmigo es duro. Lo sé porque yo estoy conmigo 24 horas al día, todos los días, sin comprender porqué soy así y porqué, a veces, hago lo que hago aunque no quiero hacerlo. Intento disculparme, aunque sin éxito, porque la disculpa acaba en un llanto incontenible, una rabieta insoportable o unas cuantas frases con poco sentido.

    ¡Cuánta soledad!
    Sin embargo, no soy malo, ni tonto, ni vago, ni sinvergüenza. Me han dicho que tengo TDAH y eso me ayuda a conocerme mejor, a quererme un poquito más, porque ahora sé qué me pasa. Solo soy diferente, y eso me da esperanzas.

    Entiendo que hay situaciones peores que la mía, que no soy el único que tiene necesidades pero las tengo y quisiera manifestar mis disculpas y agradecimientos.
    Pero antes, quisiera empezar por pedirles las cosas que creo que necesito.

    A mi familia. Que acepte lo que tengo. Que sean conscientes de que su esfuerzo como papás va a ser mayor que el de otros papás. Que aprendan qué es el TDAH. Que busquen información y apoyo. Por favor no entiendan mi trastorno como un salvoconducto para justificar todas mis actitudes, así no me ayudan.

    A mis maestros. Que me acompañen en la dura tarea de aprender y me la faciliten, porque yo quiero aprender, solo que a veces no puedo. No les pido que sean blandos, solo les pido que sean justos con mis características.

    A mis padres y maestros. Que sean un equipo. No se juzguen los unos a los otros y menos en mi presencia. No me manden mensajes contradictorios porque entonces no sabré cual es el camino.
    Al sistema educativo. Que facilite a mis docentes los recursos necesarios para mi formación y establezca un protocolo de atención a mis necesidades para que sepan qué y cómo hacer cuando me encuentren en sus clases. Si no establecen unas pautas comunes, sea quien sea mi profesor, sea cual sea mi curso, mi vida académica puede convertirse en una montaña rusa y tendré muchas posibilidades de fracasar.

    Al sistema sanitario. Que sea serio en sus criterios diagnósticos y que no tenga que peregrinar de consulta en consulta para saber qué me pasa. Que tome conciencia del coste económico que supone a mi familia la medicación y me facilite una buena atención psicoterapéutica en la que aprenda a manejar mis rasgos. Yo no quiero tomar pastillas porque sí. Cuando mi diagnóstico es bueno y claro, se evita que otros lo cuestionen y nos facilita a todos saber qué podemos hacer.

    A la sociedad en general. Que se informe y se sensibilice. Si me juzgas, si juzgas a mi familia desde el desconocimiento, nos aíslas. A todos en general. Solo pido que me den una oportunidad.

    Y ahora las disculpas.
    Para mis papás y hermanos por haber sido la causa de tantos quebraderos de cabeza. Ahora sé que siempre me han querido aunque no he sido un hijo fácil, pero estoy aprendiendo a serlo. Lo intento con todas mis fuerzas y los quiero mucho.

    Para los papás de mis compañeros, amigos a mi familia en general tíos, primos, hermanos por si algún día hice algo que les lastimara o dañara perdón de todo corazón por que en ocasiones no pienso lo que hago y lastimo a los demás con mis corajes, enojos y mis impulsos.

    Para mis maestros por haberles hecho sentir que los retaba; que los ponía en evidencia delante de toda la clase. Estoy intentando ser un mejor alumno, lo intento con todas mis fuerzas y los respeto porque ahora entiendo que de lo que ustedes me enseñen hoy depende mi mañana. Es posible que siempre no lo consiga pero no dejaré de intentarlo.

    Y mi más sincero agradecimiento:
    A quienes aún no comprendiéndolo lo intentan y a los que lo intentan y no pueden. A quienes se esfuerzan por enseñarme en la forma en que yo soy capaz de aprender.

    A todos los investigadores que se preocupan por saber más y mejor qué me pasa.
    A las asociaciones que trabajan en favor de las personas con TDAH. A las instituciones que, a pesar de la crisis y de los recortes presupuestarios, guardan un poquito para mí.

    A todos aquellos que aún dudan de mí trastorno, a los que se esconden tras el sistema, a los que me rechazan porque soy una carga, a los que no me dejan ser su amigo porque soy molesto. A todos ustedes gracias, porque tengo la esperanza de que su mirada será más amplia, más comprensiva y a partir de hoy estarán ahí cuando los necesite...

    Millones de gracias a mi familia y amigos, qué han aprendido a enseñarme, corregirme y quererme como soy. Agradezco su presencia, que hayan escuchado mis palabras, y me hayan permitido mostrarme por dentro.

    Hoy son muchas personas que me ayudan a superar mi TDAH, están conmigo y me alegro de su compañía, porque hoy, con ustedes, me siento menos solo.

    Y ahora, por favor, devuélveme mis zapatos.

  • Repetir curso no beneficia a los adolescentes con TDAH

    Repetir curso no beneficia a los adolescentes con TDAH

    22 de Marzo de 2017

    Sandra Melgarejo. Madrid
    ¿Es beneficioso para los adolescentes con TDAH repetir curso o ser expulsados de clase? Ana Isabel Solanas, pedagoga terapeuta experta en TDAH y directora del Centro de Pedagogía Terapéutica Xaris de Tarragona, tiene muy claro que no. “Hay estudios que muestran que las notas son más bajas cuando repiten curso. Si con la repetición se pretende que el alumno con TDAH esté más atento y más quieto, lo que se consigue es todo lo contrario porque está más aburrido, con la autoestima más baja y menos motivado”, afirma.

    De la misma forma, un estudio de Josep Antoni Ramos Quiroga, coordinador del Programa de TDAH del Hospital Universitario Vall d'Hebron de Barcelona, demuestra que si a los alumnos con TDAH se les expulsa de clase tienen muchísimas más posibilidades de caer en drogodependencias. “Hay que sensibilizar a los profesores de que si sacamos a estos chicos de clase, le estamos metiendo en otras cosas. Un fallo pedagógico puede tener consecuencias a largo plazo”, advierte Solanas.

    Según la pedagoga terapeuta, “los adolescentes con TDAH tienen los impulsos de un adulto con las estrategias de un niño y, como no tienen las habilidades para dar salida a estos impulsos, reciben el rechazo de todos”. Solanas destaca que “la adolescencia no es el punto y final del TDAH, sino un punto y seguido que, tristemente, puede causar mucho dolor durante toda una vida. Esta etapa es de las más duras porque los adolescentes se quedan solos y la familia está cansada”. Por si esto fuera poco, en los institutos les exigen todo aquello que no pueden dar: controlar una agenda, llevar los apuntes ordenados, estarse quietos…Así, Solanas indica que “es de vital importancia hacer una buena intervención y coordinación; poner en práctica realmente el tratamiento multimodal, reforzando los aspectos más positivos del adolescente; y dar toda la ayuda, recursos y respaldo al profesorado”.


    En opinión de la especialista, “el TDAH es un control de calidad del sistema educativo porque requiere un planteamiento mucho más eficaz, más productivo y menos burocrático. Si tenemos claro qué es enseñar, aprender, educar y creer en el potencial del alumno, encontraremos los recursos adecuados para que un alumno con TDAH aprenda sin necesidad de sacarle del aula o hacerle sentir diferente”. Solanas recomienda que los protocolos de intervención y formación del profesorado no se hagan a nivel de aula, sino del claustro de profesores al completo “para que todos actúen de la misma manera”. De ser así, asegura, “entre el 60 y el 80 por ciento de estos chavales evitaría el fracaso escolar”.

    “La intervención del profesor tiene que basarse en la compensación de las funciones ejecutivas, porque no va a conseguir nada a base de gritos y de expulsiones, ni machacándoles con aquello que no pueden hacer. El profesor tiene que hacer de GPS del alumno”. Según Solanas, “una vez que el profesor entiende, con la cabeza y con el corazón, qué es el TDAH, la situación en el aula cambia y el alumno responde de manera positiva”. “Lo principal es trabajar en las funciones ejecutivas y compensarlas con una serie de estrategias que ayuden al alumno con TDAH a organizar sus conocimientos, porque el problema no es la inteligencia. Si el profesor entiende cuál es el problema, es capaz de encontrar los recursos y evitar el fracaso”, recalca.